domingo, julio 03, 2011

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Escribo un cuento para encontrarte. Para lograr poseerte de alguna manera junto con todos tus actos y sueños. Lo imagino, para comprenderte; para contarte sobre ti; para conocer tus silencios y hasta para abandonarte.

Por eso, cada vez que me siento solo, la única vanidad que me queda es poder descifrar entre las profundas líneas de la memoria, la sustancia que nutre tus formas. Entonces callo, como esperando algo que nadie ve.

Yo, escribo esta historia para contarte que cuando me quedo sin palabras y silencios, acudo desesperado a buscar los que escribiste para mí.



del libro: "El baúl de A. L. Terego"

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sábado, mayo 21, 2011

LA LÁMPARA

Encendió la lámpara. La apagó. La volvió a encender. Parecía que ese juego le divertía. Recordó su niñez, las luces de navidad; a Aladino. Y frotó el interruptor una vez más, completamente ajeno a los gritos. Volvió a apagar la lámpara. Se acercó al interrogado y al no obtener respuesta, dejó que la lámpara, conectada al cuerpo de aquél hombre, parpadeara hasta electrocutarlo.

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miércoles, marzo 23, 2011

EL MONSTRUO DEL LAGO

La única imagen que se tiene del monstruo del lago es una vieja instantánea en la que se aprecia a Walter Scott posando con las aguas a sus espaldas, desde donde se asoman apenas la figura borrosa de un cuello largo y una cabeza. Dicha foto ha sido criticada muchas veces y su veracidad puesta en duda por algunos expertos pues nadie sabe quién la tomó ni cuándo. De Scott nunca más se volvió a saber. Hasta ahora.

Una segunda fotografía ha sido encontrada y verifica la existencia del extraño ser de la famosa instantánea. En la imagen restaurada se puede ver al monstruo muy cerca de Walter que, algo desenfocado e ignorando su presencia, sonríe mientras parece ser acechado.

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miércoles, febrero 23, 2011

PROCRASTINADOR

Que cada persona se diga sus (propias) verdades por escrito. Que llene torres tratando de ocultar sus miserias tras el puñado de buenas acciones. No se aceptan plagios. Si hay cárcel por evadir los impuestos es lógico que la haya también por evadir la vida. No se trata de reducirse a una simple cantidad, la tarea es más ambiciosa todavía: se debe encontrar nuestra cantidad. Tampoco se trata de hablar de nosotros sino de encontrar nuestra voz.  Todo esto es necesario. De momento yo, que soy quien dicta las reglas, no pondré el ejemplo. Prefiero dejarlo todo a última hora cuando merezca más la muerte que estar aquí expiando todas estas cuentas acumuladas y todos estos cuadernos por actualizar.

Escena de la película Metrópolis

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lunes, enero 31, 2011

EL INSECTO ROJO



El insecto rojo me mira como queriendo descifrar mis pensamientos. Yo veo sus ojos múltiples que multiplican mi miedo. Sus enormes ojos a través del cristal de aumento. Mueve la cabeza como interrogando y yo sólo atino a estar pendiente de sus patas. De esas patas largas llenas de vellos con las cuales ahora parece amenazarme. Yo quisiera aplastarle, junto con esta angustia; ponerles el pie encima y acabar con ambos de una sola pisada. Pero no puedo. El insecto rojo se mueve de un lado a otro cual si conociera mis temores. O peor aún, como si los representara. Su tamaño tras el cristal es mayor que mis fuerzas; que la habitación misma. Se aleja. Retorna y me sujeta con sus pinzas mientras decide por dónde empezar la vivisección.

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