domingo, noviembre 11, 2007

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Un camión despierta en la calle e inicia su trabajo roncando de pereza, lamiendo de asfalto la vacía avenida. Alfombra negra que hiede mi ventana. Unas aves entran a la escena y dejan sus desperdicios en el inmaculado mar negro. Líneas para el tránsito, me digo. Es justo, ellas también tienen derecho a circular.
El camión vuelve a pasar lento, como un borracho con resaca y ahuyenta a los pájaros. Pero sólo por un momento. Las aves vuelven al ataque y ensucian el asfalto fresco con más furia.

No molestar, palomas trabajando.

lunes, octubre 08, 2007

DE SERENATAS

A la hormiga le gustaba la música. Por eso se paseaba entre los marfiles de un enorme piano de cola intentando presionar con sus pequeñas patas las claves que despertaban las melodías durmientes.
Si un hombre fuera una hormiga, pensó, podría cargar con este piano fácilmente.

Incap az de sostener esta historia y de arrancarle los misterios a un texto, corregí:
A la hormiga le gustaban los teclados. Por eso se paseaba entre los marfiles de un enorme piano y entre las letras de mi computador. Vinieron el pianista, el escritor. Y sin el menor remordimiento, mientras componían a capricho, aplastaron al duplicado insecto bajo el peso de sus dedos.

martes, septiembre 04, 2007

domingo, agosto 19, 2007

ES DOMINGO...

los sabados
aquellos dias que estan cerca
en la cabeza llevo la idea de algo que deseo titular "a freelance poem"
(you call the night dream and call the stars wise but tell me it really works to you?...)

entro literalmente en esta maquina
entre lineas
para encontrarte

so do I
me dice otro poema que tambien se me quiere ecurrir por mi falta de practica
por no escribir ya si no es para enviarte un mensaje
para decirte: las certezas derrotan a las ausencias

...

es domingo o deberia serlo
sin embargo
llevo un medio-dia colgado de una taza que se prolonga tanto como nuestros (interpretados) silencios

jueves, agosto 09, 2007

LA EFE

En su “Tratado sobre los Autores”, Federico Fernández Ferrara comenta el fenómeno la influencia del fraseo al redactar.
Un escritor, nos dice Fernández Ferrara, se apega a su léxico único y a su manera particular de pronunciar o usar las palabras. Hay vocablos que para él simplemente son impronunciables y, por lo tanto, será muy difícil de que los escriba. A continuación cita el caso de uno cuyo problema era la palabra puta. Había otro que tenía mala dicción y su tormento era el no poder pronunciar bien las erres. Desde luego, ambos evitaban cruzarse en su camino, o en sus textos, con aquellas complicaciones.
Yo, que tengo la afición de desentrañar enredos, releí varias veces el mismo escrito cayendo en cuenta de un detalle: el texto era una confesión. Federico Fernández Ferrara había omitido deliberadamente el uso de palabras que incluyeran la letra efe. Su sonido, atribuí en mi pensamiento, le debe de resultar incómodo por cuanto su nombre y apellidos llevan esa dichosa grafía.
Me guardé esa inquietud por años hasta que tuve la oportunidad de entrevistarle.
Transcurrida media hora de charla, le deslice mi hallazgo cual ataque a quemarropa. Fernández Ferrara se rió en mi cara. Lo que resultó, me dijo, con ese ensayo, es que a mi teclado le faltaba la dichosa letra.