sábado, marzo 24, 2012

IMITACIÓN DE LA SOMBRA DE UNA HIERBA

fotografía de walt whitman

Yo no sé abarcar lo que Walt Whitman.
Yo también soy un corazón que
se encoge y revuelca
buscando razones o prodigios.

Que estalla y renace tratando
de expandir, quebrar o desbordar
más allá de su cárcel de costillas...


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miércoles, enero 18, 2012

GAIA

Una anciana jugaba con una semilla entre sus manos añosas. Y a la semilla no le importaba. Rezaba una vieja oración con los ojos entrecerrados y la simiente era una cuenca en su rosario infinito. En su largo susurro la anciana hablaba con remota lengua. Enumeraba hechos como si su memoria fuera el tiempo mismo. A la semilla esto no le interesaba. El grano rodaba entre los dedos marcados por el trabajo aumentando cicatrices y erosión en su áspera piel. Y a la semilla esto tampoco le preocupaba. La anciana parecía contar cada uno de los pliegues, contar incluso el peso mismo de la simiente y proyectar sus ramajes futuros. Aquellos brazos en oración hacia el cielo donde las aves también morirían. Enumerar la caspa y el frescor de las estaciones. Remontarse y penetrar en la tierra hasta la primera generación de semillas.

La anciana, hastiada de este ejercicio, suspiró contra el atardecer. Se extrajo las sobras de su diente cariado con la simiente. Se limpió la boca con el reverso de una mano. Y arrojó la semilla a la tierra.

Por último, se levantó con algo de esfuerzo, hizo un ademán de hasta pronto y la enterró con el pie.

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viernes, noviembre 04, 2011

CAJA ARABIA

…Tenía el don de la alquimia. Aquella facultad de ennoblecer a los hombres, incluso a los más viles y ruines. Caminaba por el desierto visitando ciudades. Iba solo o con agradecidos que le seguían por los caminos. Llegaba al pueblo polvoriento y buscaba a aquellos quienes eran rechazados por el mundo. A los que por su conducta, su mal habida riqueza o sus defectos físicos, eran dejados de lado. Les llamaba a su diestra y hablaba a cada uno de ellos con fácil y amable palabra. Luego marchaba hacia su nuevo destino entre vítores y nombramiento de gran mago…

La princesa de árabe hermosura respira lentamente como trayendo recuerdos en la noche. Afuera, la luna muestra apenas una sonrisa tímida. Se recuesta dejando que su cuerpo domine las almohadas y, mirando hacia su memoria, hacia el horizonte, suspira hondamente tomando impulso para hablar. Sus ojos parecen escrutar en el tiempo. Continúa:

…En su gran biblioteca, el rey Midas enrolló el pergamino que contenía la historia del gran sufí y lo guardó cuidadosamente en un arca de oro. Al contemplar el cofre se admiró del buen trabajo realizado por sus orfebres y se felicitó por su buena fortuna. El oro brillaba a su alrededor también en candelabros y copas. Era tan hermoso y atractivo ese brillo, como la nobleza. El rey Midas recordó la historia que acabara de leer y en su mente empezó a ambicionar el poder de dorar lo que estuviese a su alcance…

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lunes, septiembre 19, 2011

52

Mientras viajo, leo a Lie Yukou. La contemplación a la que llama el autor oriental me obliga a abandonar la lectura para fijarme en mi persona, en el camino, en el paisaje: ser un árbol de hojas verdes y amarillas brindando sombra a dos compadres que charlan alegremente en la tarde calurosa. Pronto, soy un espárrago acostado junto a otros en un cesto, listo para el mercado. Sacado de mi naturaleza, casi no me reconozco. Pronto, soy una niña que pedalea apurada en su bicicleta. Cantando alegre una tonada sin sentido, regreso a casa llevando veinte céntimos de ají molido para el almuerzo. Pronto, soy un perro soleándome a la puerta de mi casa mirando a todos pasar. La panza tibia pegada a la vereda recalentada. Qué ganas de quedarse así, contemplando a una niña en bicicleta y no ladrarle. De estarse quieto sin perseguir los camiones, de ver desfilar por la carretera ese bus enorme y gris con un tipo en la ventana que ha dejado caer su libro.

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domingo, julio 03, 2011

88

Escribo un cuento para encontrarte. Para lograr poseerte de alguna manera junto con todos tus actos y sueños. Lo imagino, para comprenderte; para contarte sobre ti; para conocer tus silencios y hasta para abandonarte.

Por eso, cada vez que me siento solo, la única vanidad que me queda es poder descifrar entre las profundas líneas de la memoria, la sustancia que nutre tus formas. Entonces callo, como esperando algo que nadie ve.

Yo, escribo esta historia para contarte que cuando me quedo sin palabras y silencios, acudo desesperado a buscar los que escribiste para mí.



del libro: "El baúl de A. L. Terego"

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