sábado, enero 11, 2020

TRES MINIATURAS DE RIBEYRO

Para iniciar el año, compartimos tres mircrorrelatos del gran narrador, incluidos dentro del cuento "Por las azoteas".
De más está decir que es uno de mis cuentos favoritos.





I

«Había una vez un hombre que sabía algo. Por esta razón lo colocaron en un púlpito. Después lo metieron en una cárcel. Después lo internaron en un manicomio. Después lo encerraron en un hospital. Después lo pusieron en un altar. Después quisieron colgarlo de una horca. Cansado, el hombre dijo que no sabía nada. Y sólo entonces lo dejaron en paz».



II

«Había una vez un famoso imitador de circo que se llamaba Max. Con unas alas falsas y un pico de cartón, salía al ruedo y comenzaba a dar de saltos y a piar. ¡El avestruz! decía la gente, señalándolo, y se moría de risa. Su imitación del avestruz lo hizo famoso en todo el mundo. Durante años repitió su número, haciendo gozar a los niños y a los ancianos. Pero a medida que pasaba el tiempo, Max se iba volviendo más triste y en el momento de morir llamó a sus amigos a su cabecera y les dijo: ‘Voy a revelarles un secreto. Nunca he querido imitar al avestruz, siempre he querido imitar al canario’».



III

-Yo soy como ese hombre que después de diez años de muerto resucitó y regresó a su casa envuelto en su mortaja. Al principio, sus familiares se asustaron y huyeron de él. Luego se hicieron los que no lo reconocían. Luego lo admitieron pero haciéndole ver que ya no tenía sitio en la mesa ni lecho donde dormir. Luego lo expulsaron al jardín, después al camino, después al otro lado de la ciudad. Pero como el hombre siempre tendía a regresar, todos se pusieron de acuerdo y lo asesinaron.



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miércoles, diciembre 04, 2019

CARTA A JULIO RAMÓN RIBEYRO


Querido Julio:

Ayer volví a escaparme una vez más de la laboriosa e industrializada rutina y trepé aquella azotea donde la lluvia tarda siempre en llegar. Y no te vi sentado. Pero encontré las palabras que dejaste para mí como quien esconde un signo dentro de una botella con la esperanza de que el azar encuentre a la persona adecuada para descifrarlos. Pero en tu caso sólo soy yo – torpe y admirado – quien atesora a escondidas tus historias. Y no es que me de vergüenza mostrarte, simplemente es que a nadie le importa. Muy a tu estilo, hoy no celebran veinticinco años de tu partida, prefieren invitar advenedizos de la televisión que no tienen idea del valor de una palabra bien puesta. Y me canso de gritar y agito tus frases en la calle o en el bus que me devuelve a casa.

Cito el nombre de una calle para caminar a tu lado. La calle se llama nostalgia. Y me cruzo en ella con tantos personajes con una misma voz, la que les prestaste. Y la vía es como un abismo donde los pequeños trozos de alegría o logros incipientes penden – algunos sin percatarse – con ese equilibrio tomado del azar. Y el destino o las fuerzas naturales se hinchan amenazantes desde la pared. Entonces, como quien cambia una página llena de descripciones, doblo la esquina y voy a lo seguro y busco a unos amigos con quienes compartir una lectura; con quienes comentar una jugada maestra hecha línea. Nos tomamos en serio el ejercicio de coleccionistas y ponemos sobre la mesa anécdotas y frases. Alguien presenta un gol olvidado que el resto guarda inmediatamente para sí con avidez. Se te recuerda, a tu manera.

Querido Julio. Te visito con un puñado de lápices en lugar de rosas y las dejo en la terraza vacía. Ya es momento de volver a los bajos, mientras escondo en el bolsillo un puñado de grabados azules y de enseñanzas. Los únicos trastos que colecciono, son aquellos a los que siempre vuelvo: los que por su simple presencia logran hacer llover hasta en los corazones más áridos.


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lunes, noviembre 11, 2019

TEST





A veces sufro de insomnio. Muy rara vez.
Con frecuencia me encuentro hablando solo...
A veces escucho voces en mi cabeza…
…las veo. Pero ya no me importa ni a ellos tampoco, dijo mientras le disparaba al hombre que caminaba bajo una gruesa lluvia roja que caía desde su propia sien.


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domingo, octubre 06, 2019

CANTO

Celebremos la decisión. Decir aquella libertad, aquella culpa, aquella ternura, aquella nostalgia; no es lo correcto. Así como tampoco decir que existen varios tipos de esperanza o felicidad.
Por eso tampoco importa ahora la canción que quieras usar – Janis – mientras dejes que tu alma llueva sobre la parte trasera de una camioneta en un camino olvidado.

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sábado, septiembre 21, 2019

CENIZAS Y POLVO



Pasó una página. Dos. Todas a la vez y, el aliento mohoso, le refrescó del calor. Pensó entonces que con un libro lo suficientemente grande, éste desaparecería.

Tomó el volumen más enorme que encontró. Pasó una página. Dos.

Desistió. Y se abrazó al encuadernado para esperar a que el fuego los terminara de consumir.


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