lunes, noviembre 20, 2006

ATLAS

Ayer, mientras caminaba por el mercado, me encontré con Atlas. Aunque se encorvaba bajo el peso de un enorme costal de papas y a pesar del sudoroso y envejecido rostro, logré reconocerle. Iba resoplando una tonada de moda. De alguna manera podría decir que se veía feliz. Como yo estaba apurado buscando un estibador que me ayudara con un pequeño fardo el cual no tenía deseos de transportar, no pude seguirle. Me hubiera gustado retenerle unos momentos y hacerle preguntas acerca de la antigua era, de cómo se veía todo cuando sus ojos eran jóvenes y un mundo entero descansaba en sus hombros. Y sobre todo, preguntarle cómo fue que llegó hasta esa humilde posición donde su cargamento parecía tener el peso de un pecado. ¿Un castigo de los dioses acaso? ¿Un castigo del hombre?
Cada hombre carga con su vida, con su mundo. Yo voy ligero, arrastrando sombras y enviando el equipaje por correo. Sólo espero que el flete no sea muy caro ni que algún bulto importante se pierda por el camino. Eso sí: tamaña tarea la que me espera cuando en el Terminal de mis Acciones, los encuentre amontonados a la espera de mis poco acostumbradas espaldas.

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