sábado, enero 12, 2013

LA VILLA

Entre los años cuarenta y cincuenta del presente milenio, el compositor Von Hanz, considerado el último genio en cuanto a música clásica se refiere, ha perdido una maleta la cual contenía las notas más importantes de su nueva sinfonía.


El vuelo iba a ser de rutina. Escala en Madrid y después directo al ayuntamiento en donde tomaría un auto privado que lo transportaría a una pequeña villa en donde se encerraría a terminar su obra maestra.
El lugar no podía ser más idóneo: grandes árboles, una fuente natural y el clima perfecto. Sin embargo, al desempacar sus pertenencias, ha caído en la ingrata sorpresa de que su preciado equipaje estaba incompleto.
Desde aquel día el compositor no ha vuelto a ser el mismo, afirmaba Heindrick Müller, uno de sus más cercanos amigos y quien le acompañó durante el trágico viaje.

Ya instalado, se sentó al piano a intentar recomponer lo que le pareció un mal remedo de la pieza original. Se pasaba horas frente al teclado sin siquiera tocar una clavija. Todos respetaban ese silencio. El genio está a punto de crear algo grande, decían. Y nada. Von Hanz seguía allí mirando hacia los marfiles sin arrancarles siquiera un sonido.
Hasta que un día explotó de repente: lo encontraron gritándole a unas aves que con su trino anunciaban la mañana desde la ventana. ¡Plagiarias!, vociferaba el músico. ¡Me han robado la melodía!
Desde entonces era intratable. Creía escuchar fragmentos de su obra maestra en todos lados. Cierto día culpó al jardinero por imitar de manera lamentable los tambores con su máquina de podar el césped. En otra ocasión le hallaron abstraído en seguir el perfil de las rejas del gran ventanal desde donde había acusado a las aves, delineando pentagramas imaginarios. Y solfeaba, dibujando claves de sol en cualquier parte de la arquitectura del lugar.


Al salir del salón Müller estaba consternado. Entonces, doctor, usted cree que al menos podamos mantenerle calmado.
El psiquiatra le miró gravemente. Me temo que ya no hay remedio, respondió. Debieron traerlo a La Villa mucho antes.


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1 comentario:

YVES dijo...

EN ESTE CUENTO, BETO, PARECE COMO SI TE GUARDARAS ALGUNAS PALABRAS O DETALLES QUE NO LE VENDRÍAN MAL A LA HISTORIA, LA CUAL POR CIERTO ES MUY CONTUNDENTE.FELICIDADES, SEÑOR.