domingo, abril 02, 2006

HAZAÑA

Y la carne se hizo verbo y se volvió un útero y en vocablo parir. Encogió los hombros y la fragilidad le fue venciendo hasta la acción de preñar. Y quedó suspendido. Libre de tener que vivir y libre también de la muerte. La divinidad quiso reprocharle su acción y no pudo. La divinidad también una vez se hizo carne y tembló con la idea de morir. El pensamiento y la memoria se hicieron uno en él. Desechó la tentación de nombrar objetos y el universo fue desapareciendo a su alrededor. Fue entonces que la divinidad y él fueron uno solo y que la omnisciencia se hizo compartida: todo, absolutamente todo tendería al caos. Éste hallazgo le causó tanto terror que decidió callar para siempre…

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