domingo, noviembre 18, 2012

DELITO

Teseo, madeja en mano, se adentra en el laberinto. Es una lana extraña, resistente y algo pegajosa, como la telaraña del tiempo o de la vida. Recorre los traicioneros corredores en busca del Minotauro. Teseo camina; escucha a lo lejos un bramido, como un grito de terror; avanza cauteloso mientras deja un rastro enhebrado que se pega en las esquinas de los muros.

Han pasado muchos días desde que el héroe se adentró hacia la hazaña buscando a la bestia. Ariadna, preocupada, ha aprovechado la noche para huir de la vigilancia de su padre y buscarle. Es un acto arriesgado. La historia y las artesanías están llenas de ese tipo de acciones. La princesa encuentra rápidamente la punta del ovillo y empieza a seguirlo. A la escaza luz puede distinguir hilos e hilos que se entrecruzan, se anudan y separan en varias direcciones. Se le hace difícil seguir el rastro inicial.


Los hombres ya no nacen ni mueren. Atrapados entre los hilos, cual insectos presos, Ariadna, Teseo y el Minotauro, siguen pidiendo que los rescaten del olvido. Hace siglos que el laberinto ha sido cerrado y que los reyes dieron paso a nuevas formas de gobierno. Nadie habla ya de héroes o princesas; mucho menos de la Historia.

Las Parcas han colocado un aviso que nadie responde:

SE BUSCA MADEJA ROBADA POR JOVEN INCAUTA

teseo y el minotauro - vasija griega

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1 comentario:

Manuel Cubero dijo...

Un juego ,itológico bien llevado. Me gustó, Alberto.