lunes, febrero 04, 2008

CONTRAETIQUETAS PARA UN VINO

ESCENA
Una copa rota descansa sobre la alfombra. Desde sus aristas quebradas, nace una mancha sanguínea de tinto. A dos pasos, los amantes ebrios de amor duermen su resaca.

 
HISTORIA DEL GRUMETE QUE SE SALVÓ
El capitán, cansado de que su grumete se bebiera el mejor vino, decidió aleccionarle y lo ató a una barrica casi vacía en la bodega. El grumete resignado bebió el poco vino de la barrica y se dispuso a dormir.
Esa noche hubo tempestad y el barco naufragó. Todos sus ocupantes murieron menos uno que encontraron flotando sobre una barrica.

 
EL RACIMO
El racimo era noble y por eso, envidiado. Vino el hombre y lo llevó en una cesta junto a racimos tan nobles como él. El resto de sus compañeros rieron al verlo marcharse hacia la incertidumbre. Un día el racimo volvió vestido de cristal. Desde entonces fue admirado hasta la celebración.


LA FELICIDAD
La felicidad no se encuentra en una etiqueta si no en lo que llevamos dentro

viernes, noviembre 16, 2007

SONRIO





SONRIO
por todos aquellos que
no pueden hacerlo
pues de seguro
alguien más lo
hace por mi
detrás de éstas líneas

domingo, noviembre 11, 2007

40


Un camión despierta en la calle e inicia su trabajo roncando de pereza, lamiendo de asfalto la vacía avenida. Alfombra negra que hiede mi ventana. Unas aves entran a la escena y dejan sus desperdicios en el inmaculado mar negro. Líneas para el tránsito, me digo. Es justo, ellas también tienen derecho a circular.
El camión vuelve a pasar lento, como un borracho con resaca y ahuyenta a los pájaros. Pero sólo por un momento. Las aves vuelven al ataque y ensucian el asfalto fresco con más furia.

No molestar, palomas trabajando.

lunes, octubre 08, 2007

DE SERENATAS

A la hormiga le gustaba la música. Por eso se paseaba entre los marfiles de un enorme piano de cola intentando presionar con sus pequeñas patas las claves que despertaban las melodías durmientes.
Si un hombre fuera una hormiga, pensó, podría cargar con este piano fácilmente.

Incap az de sostener esta historia y de arrancarle los misterios a un texto, corregí:
A la hormiga le gustaban los teclados. Por eso se paseaba entre los marfiles de un enorme piano y entre las letras de mi computador. Vinieron el pianista, el escritor. Y sin el menor remordimiento, mientras componían a capricho, aplastaron al duplicado insecto bajo el peso de sus dedos.

martes, septiembre 04, 2007